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Historias de éxito 003: Edición especial COVID-19

Entrevistamos a tres jóvenes servidores públicos que en el último mes han enfrentado retos nunca antes vistos por nuestro país. Ramiro, Rebeca y Alessandra, son un reflejo de muchos de los peruanos que tienen una gran vocación de servicio, motivo por el cual se levantan día a día para tomar acción por el país. ¡Gracias por compartir con nosotros! Son un reflejo de muchos jóvenes trabajando desde sus espacios.


Nuestros entrevistados:


  • Ramiro Rodrich: 30 años, Politólogo – Pontificia Universidad Católica del Perú, Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)

  • Rebeca Zedano: 24 años, Economista – Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Ministerio de Salud (MINSA)

  • Alessandra Gonzales: 27 años, Economista – Universidad del Pacífico, Ministerio de Educación


¿Qué rol/función se encuentran desempeñando en esta emergencia?

Ramiro: Soy coordinador temático en Salud de la Dirección General de Presupuesto Público (DGPP) del MEF, desde donde buscamos fortalecer el enfoque del presupuesto para resultados, centrándonos en la ciudadanía. Actualmente, soy parte del equipo que viene apoyando al MINSA en la atención de la emergencia frente al COVID-19. Este equipo se encarga de ayudar al MINSA para que optimice sus procesos de manera que se garantice la asignación y el uso eficiente de sus recursos en intervenciones estratégicas que beneficien a la población. Principalmente, se está evaluando todo el proceso de atención de un paciente COVID positivo, desde que es sospechoso de tener el virus hasta su dada de alta. Por mi parte, soy responsable de los procesos de adquisición de pruebas de diagnóstico, implementación de los equipos que realizan las visitas domiciliarias de toma de pruebas y del fortalecimiento de capacidades de los laboratorios.


Rebeca: Ahora estoy multiplicada (risas). Al inicio, estuve viendo el tema de oferta hospitalaria. Mi equipo y yo hicimos un mapeo de la cantidad de camas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) que teníamos a nivel de regiones. Empezamos construyendo una base de datos de manera manual porque los gobiernos regionales no tienen registros virtuales de la disponibilidad de camas UCI en un formato uniforme. En paralelo, se estimó la permanencia en las camas de UCI en condiciones normales, es decir, sin pandemia, para que podamos tener una idea general. Luego, a inicios del estado de emergencia, apoyé en la estimación de un modelo sobre el progreso del COVID-19 en el Perú y la conveniencia de la cuarentena.


El siguiente dolor de cabeza fue apoyar a la Línea 113 para conocer el comportamiento de las llamadas. La idea era establecer un mejor proceso en la atención. En esos casos, fue súper importante reconocer los síntomas ligados al virus y ser empático con las personas que llamaban de diferentes lugares del país para brindarles la mejor solución.


Finalmente, lo último en lo que vengo apoyando es en el rediseño de la estrategia Meta 4 (Acciones de municipios para promover la adecuada alimentación, y la prevención y reducción de la anemia), teniendo en cuenta la priorización del presupuesto para acciones contra el COVID-19.


Alessandra: Desde el MINEDU, trabajo en la Secretaría General de Planificación Estratégica. En el marco de la emergencia, en la Secretaría se ha formado un equipo de trabajo (del que formo parte) encargado de proponer todas las estrategias que garanticen brindar un servicio educativo de calidad, en base a las experiencias con mayor evidencia internacional. Estas estrategias deben ser lo suficientemente integradoras para considerar aspectos como las condiciones socioeconómicas de los estudiantes, sus lugares de procedencia y sus lenguas. Por ejemplo, hemos impulsado la estrategia “Aprendo en Casa”. La estrategia partió de buscar toda la evidencia que avale las actividades consideradas y, a partir de ello, se determinó las herramientas y los materiales a utilizar, el rol docente, el acompañamiento familiar, entre otros.


Ahora, nos estamos enfocando en el regreso a clases y todo lo que significa. Es todo un reto la implementación de políticas públicas en un contexto como el que enfrentamos.

¿Qué los motiva a levantarse cada día y que, a pesar de las circunstancias, tomen la decisión de realizar las funciones que describen?

Ramiro: Hay varias motivaciones, sino creo que no me levantaría con tantas energías. Primero, están las profesionales. Trabajar para el MEF significa conocer mucho más sobre la operatividad de la gestión pública. Desde la DGPP uno puede ver cómo se efectiviza el diseño de políticas públicas. Este es un reto muy interesante que el Estado está asumiendo y es un privilegio formar parte de ello, sobre todo en la situación de emergencia que enfrentamos que demanda la agilización de procesos para realizar intervenciones más efectivas.


Segundo, están mis motivaciones personales. Cuando uno analiza el ámbito presupuestal se puede identificar y realizar acciones que tengan impacto en la vida de las personas. Uno se levanta cada mañana sabiendo que el esfuerzo que está haciendo implica una afectación en la gente y que hacerlo bien (sobretodo motivado) garantiza que se obtengan resultados positivos, principalmente hacia las poblaciones más vulnerables.


Rebeca: Todo en realidad (se emociona un poco). Por ejemplo, cuando tuve la oportunidad de contestar llamadas telefónicas fue muy impactante. Las personas que no viven en Lima terminan enfrentando problemas que son ignorados la mayoría de veces. Durante años, la salud y la educación han estado centralizadas y es difícil cambiar esta situación en 40 días. Tenemos que desafiarnos un poco más para cerrar estas brechas y llegar hasta donde muchos no creen que lleguemos. Nuestro trabajo representa la esperanza de la gente que nos necesita. Por eso, es que hay que levantarse todos los días, comerse los pleitos necesarios y entender la perspectiva de las regiones.


Alessandra: Al igual que Rebeca y Ramiro, estoy muy agradecida de apoyar en esta situación de emergencia. Si bien es un reto súper grande, es también una oportunidad para replantear y fortalecer el servicio educativo, así como buscar hacerlo más sostenido, moderno, equitativo e inclusivo. Me motiva que todo lo que formulamos llegue a mucha gente y que, gracias a nuestro trabajo niños, niñas, adolescentes y hasta adultos (como parte de la Educación Básica Alternativa, EBA) tengan un mejor servicio del que habrían tenido en ausencia de esta situación de emergencia. Además, me motiva el rol del servido público. Observo a gente en mi oficina muy inteligente e informada, con la intención de generar el mayor impacto posible. Es imposible no contagiarse con tanta energía que muestra mi equipo.

¿Cual es la situación o el hecho más frustrante que han enfrentado durante la emergencia?

Ramiro: Hace más de un mes que se inició el estado de emergencia y, en general, el equipo no ha parado. Si bien esta es una de las situaciones más fuerte que he enfrentado, lo que más me genera frustración son las limitaciones que como administración pública no hemos superado. Temas como la desarticulación entre entidades del Estado, la ineficiencia de los procesos y la aún precaria gestión de la información en tiempo real, las queremos superar en menos de un mes. El sector salud, por ejemplo, ha estado funcionando más por un tema inercial (y en automático) sin enfrentar los problemas de fondo en gestión. Tenemos un Estado que aún trabaja a lápiz y papel, con una cultura organizacional jerárquica y poco dinámica.


Alessandra: En la misma línea que lo que dice Ramiro, mi equipo y yo siempre intentamos pensar fuera de la caja o salir de nuestra zona de confort sobre cómo mejorar la implementación de estrategias efectivas, sobretodo en esta situación de emergencia. Sin embargo, nos hemos topado con mucha resistencia al cambio, principalmente por la manera en que se realizan algunas cosas en el Estado. Por ejemplo, cuando analizamos cómo hacer que los materiales educativos lleguen a todos los estudiantes, o cómo realizar compras públicas que no demoren mucho, constantemente chocamos con el marco legal. La gente siempre usa al marco legal como una excusa para dejar de hacer las cosas de manera más eficiente. Hay demasiada resistencia al cambio en el Estado.


Rebeca: Lo otro creo es que hay una falta de cooperación entre las entidades públicas para compartir sus bases de datos. Todas las personas que entramos a trabajar al sector público firmamos un acuerdo de confidencialidad sobre el uso o la difusión de data. Si bien esto intenta prevenir ilegalidades en el uso de la información, se restringe mucho la libertad en el compartimento de datos y, como consecuencia, la ejecución de acciones o la estimación de modelos más robustos.


Ramiro: Por más frustrantes que sean todas las situaciones que hemos descrito, finalmente creo que también se trata de enfocarse más en las pequeñas victorias. La cultura organizacional en ninguna parte se cambia de la noche a la mañana, pero son los esfuerzos continuos y en equipo los que terminan generando un impacto positivo. Es por este motivo que la emergencia se convierte en una oportunidad para implementar reformas importantes en corto tiempo.


Rebeca: Totalmente de acuerdo. Por ejemplo, creo que en esta emergencia se ha reafirmado la necesidad de contar con políticas en salud pública universal. Además, nos ha permitido adoptar un enfoque mucho más descentralizador de las políticas, teniendo siempre en cuenta la perspectiva de género. Se podrá ir la pandemia, pero depende de nosotros que la crisis que enfrentan las personas de a pie no continúe.

En tiempos como los que estamos enfrentando, ¿consideran importante el mayor involucramiento de jóvenes en la gestión pública? ¿Por qué?

Ramiro: Yo creo que sí. La actual cultura organizacional, más rígida y jerárquica, se puede nutrir del mayor dinamismo que brindan los jóvenes. Esto permitiría solucionar de manera más eficiente los problemas que venimos arrastrando desde hace tiempo en la administración pública. Hay que entender que orientar todo el aparato estatal hacia una nueva cultura organizacional es complicado. Cualquier joven que esté interesado en formar parte del Estado y poner su grano de arena tiene que ser consciente de que el camino por recorrer es largo, pero que el esfuerzo que pongan va a tener un impacto significativo en la vida de las personas más vulnerables. Al fin y al cabo, el servicio público es una vocación.


Rebeca: Por mi parte, yo creo que el mayor aporte que pueden dar los jóvenes en la gestión pública es la innovación. Si seguimos manteniendo las estructuras que coexisten en el sector público, no estamos haciendo nada; solo somos personas empleadas. Toda persona que entre al sector público debe tener el propósito de transformar las cosas. Los jóvenes estamos para hacer las cosas de manera diferente, alzar la mano e insistir que tenemos algo que decir. Muchas veces nos vamos a topar con personas que, por su amplia experiencia, van a desestimar nuestras ideas, pero eso no debe ser razón para dejar de hacernos oír.


Alessandra: Para visibilizar el rol de los jóvenes en la gestión pública, primero hay que involucrarlos más. El Estado tiene que ver a los servidores públicos jóvenes como agentes de cambio apasionados por el bien social. Nuestra generación está llena de gente que piensa más allá de sí misma y que está dispuesta también a sacrificarse por lo que cree correcto. Además, es una generación que tiene una capacidad alucinante de adaptarse al cambio tecnológico y de gestar las reformas que necesita el país. Por otro lado, los jóvenes tenemos que darnos cuenta de que involucrarse en el sector público también trae consigo beneficios grandísimos (como lo mencionó Ramiro). Lo gratificante de ver tu propuesta hecha realidad en la vida de millones de personas es totalmente invaluable. Además, los que trabajan en la gestión pública adquieren la habilidad de cuestionarse sobre si la estrategia que están implementando obtiene los objetivos planteados, dados lo recursos limitados con los que se cuenta. Esto te sirve para la vida y te vuelve muy consciente de la realidad que enfrentamos.



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