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Historia de Éxito 008: Lorena Lévano

¡Conozcamos la historia de Lorena Lévano!, quien estudió una Maestría en Ciencias del Comportamiento y Decisiones en la Universidad de Pennsylvania gracias a la Beca Presidente de la República. Lorena es especialista en cambio comportamental en temas sociales y tiene experiencia en el sector público y organizaciones internacionales.



  • Lorena Lévano: 30 años. Politóloga por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Magíster en Ciencias del Comportamiento y Decisiones por la Universidad de Pennsylvania. Consultora en temas de violencia basada en género y migraciones en el Banco Mundial. Becaria Presidente de la República.

1) ¿Cómo nació tu interés por la Gestión Pública?


En cuarto de secundaria estaba buscando qué carrera elegir y tuve la suerte de ver un documental de Javier Pérez de Cuéllar, en el que mostraba cómo la diplomacia había cambiado su vida. En ese entonces, mi sueño era convertirme en diplomática para hacer un mundo mejor. Luego decidí estudiar ciencia política y gobierno, pensando que me iba a dedicar a las relaciones internacionales, y estando en la carrera me di cuenta de que en realidad lo que más me gustaba era la gestión pública. Asimismo, descubrí en los cursos de desarrollo internacional que las políticas públicas, las relaciones internacionales y el desarrollo se pueden trabajar de manera holística, por ejemplo, desde los organismos internacionales en los que trabajo.


2) ¿Cuáles han sido los grandes proyectos o las grandes líneas de acción en las que has trabajado?

Comencé a trabajar en el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) como Analista Cuantitativa, donde comenzó mi pasión por los datos. Luego me contrataron en el Ministerio de Eduación (MINEDU) para analizar encuestas sobre violencia escolar. Es ahí donde me conecté con temas sobre políticas públicas. Esas bases de datos me sirvieron para darme cuenta de que las cifras no son números vacíos, sino que representan a un niño, niña o adolescente que sufre problemas graves en el día a día. Eso me hizo descubrir la importancia de mi trabajo.


Producto de esta reflexión es que me comencé a cuestionar sobre qué es lo que realmente sirve para solucionar problemas de este tipo. Para mí era muy complicado ver que, a pesar de incorporar leyes respecto al maltrato infantil o sobre reducir el castigo humillante físico, no habían soluciones reales a largo plazo. Mi gran pregunta trabajando en el Estado era “¿qué podemos hacer para cambiar estos comportamientos?”. Notaba que todo lo que queríamos cambiar se veía desde una lógica muy normativa, pero nunca llegábamos a cambiar las prácticas. Es por eso que decido estudiar el Máster en Ciencias del Comportamiento y Decisiones, para tener mejores herramientas, cambiar esta lógica y obtener soluciones que ayuden a resolver problemas sociales.


Luego de estudiar el Máster, regresé al MINEDU para enfocarme en aplicar lo que aprendí en temas de coordinación multisectorial con una visión holística sobre la violencia y reconociendo la importancia de los comportamientos individuales y colectivos. Posteriormente, ingresé al Banco Mundial a trabajar temas de violencia de género y migraciones, en los que estoy aplicando todo lo aprendido durante mi formación y en mi experiencia como servidora pública.


3) Nos podrías comentar acerca de la maestría que estudiaste y por qué decidiste por ella.


Tenía claro que quería hacer algo para reducir la violencia infantil, el objetivo estaba, lo que faltaba era cómo llegar hasta la meta. Toda mi lista de universidades estaba enfocada en los mejores programas en niñez e infancia en el mundo; pero en realidad, algo que creo que le sucede a muchas personas en el proceso de búsqueda de una maestría, es preguntarle a alguien más cómo lo logró.


Para mí en ese momento “se alinearon los astros”, ya que siendo funcionaria pública y trabajando para el MINEDU, me envían a un seminario organizado por UNICEF sobre normas sociales que estaba dando el Penn Social Norms Group (PENN SoNG) de la Universidad de Pennsylvania. Durante el seminario me di cuenta que los comportamientos se tienen que cambiar no solo trabajando con el individuo, sino con toda la sociedad; es decir, teniendo en cuenta los factores colectivos y las normas sociales. Uno de los profesores me comentó que la Universidad de Pennsylvania estaba sacando la primera maestría basada en ciencias del comportamiento en Estados Unidos. Esa fue la manera en la que escogí mi maestría.


Durante el proceso, uno de mis mayores cuestionamientos era el financiamiento de la maestría. Decidí aplicar a la Beca Presidente de la República, el proceso no fue sencillo pero valió la pena. El Estado me ayudó con el financiamiento de todo el programa, el costo de la vivienda, entre otros. Es por eso que mi compromiso con el servicio público no solo se basa en mi pasión sobre estos temas, sino también en la reciprocidad con el país.


4) ¿De qué manera la maestría que has cursado ha contribuido con tu desarrollo profesional y personal?


Estudiar el máster fue una experiencia muy rica, pero también un gran reto. Cuando uno va a otro país, como extranjero, con el inglés como segundo idioma, eso genera un poco de temor. Sin embargo, pese a todos los retos, me nombraron promesa intelectual de la universidad y recibí premios de investigación y financiamiento para realizar investigaciones sobre normas sociales. Un momento importante para mí, fue cuando hice el Grad Ben Talk en donde gané el premio del público. Fueron varias cosas que me hicieron sentir que puedo dar muchísimo más, sentirme cómoda con mis habilidades y qué podía ayudar a mejorar mi país.


Hoy en día, gracias a lo aprendido, soy especialista en cambio comportamental y trabajo para dos organizaciones internacionales (UNICEF y el Banco Mundial) en temas que me apasionan. Además, tengo la oportunidad de compartir lo aprendido mediante el dictado de clases a estudiantes universitarios sobre el uso de las ciencias del comportamiento en las políticas públicas y coordino un laboratorio de investigación, Decision Lab, en el que precisamente nos dedicamos a trabajar en estos temas.


5) ¿Qué consejo les darías a los jóvenes que están interesados en estudiar una maestría en el extranjero?


Lo principal es que no le pongan límites a sus sueños. Siempre uno dice “¿cómo voy a llegar ahí?”, “¿cómo voy a hablar inglés si con las justas lo sé?”, o “¿cómo voy a pagar la universidad si con las justas tengo para vivir?”. Mi más grande recomendación sería que no se pongan límites.


La segunda es que no oculten sus miedos. Por ejemplo, yo era muy consciente de que tenía deficiencias y me sentía muy tímida al escribir en inglés o al hablarlo, pero reconocer esas debilidades me ayudó a tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, iba a la clase con mi celular y la grababa por si en algún momento no entendía algo, apuntaba en qué minuto se encontraba y volvía a repasar.


Esa práctica constante y esfuerzo, como grabar las clases o postular a todas las oportunidades que había en la universidad, te abre las puertas. Es importante no pensar que uno no puede, porque realmente a veces uno no se da cuenta de lo valioso que es.


Otro gran consejo es pedir ayuda, no solo de tus tutores o profesores, sino también de la gente con la que vives. Por ejemplo, yo les pedía a mis compañeros de cuarto que lean mis ensayos antes de entregarlos, o les decía que me corrijan si hablo mal el inglés. Esa humildad para tener la apertura de crecer y no solo en el máster, sino también en la vida, es muy valiosa.


Sobre la postulación a la maestría, yo diría que lo básico es que comencemos un paso a la vez, tener una lista de cosas por hacer muy precisa. Primero necesitas ser aprobado por el programa y luego pedir la beca con la carta de aceptación. Lo primero es no desesperarse y no pensar en bloques grandes, sino más bien en tareas pequeñas que sean accionables rápidamente. Por ejemplo, para el máster se necesita el TOEFL, entonces, con tranquilidad, ver cuantos meses se necesitan para prepararse, luego de eso recién pensar en hacer las cartas de recomendación y la carta de motivación personal, paso por paso, en una lista, y tener un horizonte temporal más o menos de dos años.


Otra recomendación que les daría es que vayan revisando los criterios de las becas, eso te hace pensar en los requisitos que necesitas cumplir en los próximos años, qué hacer para fortalecer tu currículum y tu experiencia de vida y hacerte más interesante tanto para la beca como para la universidad.


6) ¿Cuál crees que es el mayor aporte que damos nosotros los jóvenes en la Gestión Pública?


Los jóvenes sostenemos toda la cadena productiva del Estado, siempre he sentido que los practicantes o las personas que recién entran al Estado son como el plancton en el mar, sin ellos no existiría nada; porque son quienes redactan, quienes investigan, limpian la data y hacen el análisis. Sin ese proceso no puedes elaborar una política pública basada en evidencia, somos la base que sostiene al sistema.


Asimismo, aportamos el cambio, la visión fresca y la indignación cuando las cosas no salen bien. Tratamos de luchar contra la inercia y el status quo, por eso es importante que venga gente nueva, que diga “esto puede hacerse de otra manera”.


También es importante no sentirse mal cuando el sistema repele los cambios, porque tiene una lógica organizacional muy cerrada, ser resilientes cuando el sistema no cambia cuando tu quieres, pero seguir tratando en renovarlo desde tu posición. De igual forma, no perder las ganas, uno se decepciona cuando ve que sus mentores caen por casos de corrupción o si están haciendo bien su trabajo sufren injusticias del sistema. Esa resiliencia que tenemos los jóvenes es muy importante para decir eso es el pasado y podemos construir un futuro mejor.


7) ¿Cúal sería el principal mensaje que le quisieras dejar a un joven que está interesado en trabajar en Gestión Pública?


El principal mensaje sería que el impacto que pueden generar desde el Estado y desde las políticas públicas no se puede generar desde otro lado. Por eso es importante que no pierdan las ganas, si pueden decir que hacen bien su trabajo, pueden decir que hay un servidor público que se está comprando el pleito y es honesto. Les diría que ellos sean parte de ese cambio que queremos que pase.


Otro mensaje es que se mantengan resilientes, porque hay muchísima más gente buena que mala, pero lamentablemente el sistema está hecho para visibilizar a aquellos que hacen mal las cosas, entonces no olvidarse que ese amor por las políticas públicas y por tener un Perú mejor con ciudadanos y ciudadanas más felices depende de cada uno de nosotros. Somos parte del cambio.


¡Gracias, Lorena! Por permitirnos conocer tu experiencia y aprendizajes en el Estado y en organismos internacionales.


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